¿Qué hace una escuela cuando descubre que sus estudiantes no están aprendiendo como deberían? Una respuesta posible: los Proyectos Escolares de Innovación Educativa (PIE) que forman parte de la Ruta 3 del programa TransFORMAR@Cba. La propuesta tiene la vocación de prestar especial atención a lo que sucede dentro de cada institución, reconocer lo que funciona y detenerse en lo que necesita ser revisado. A partir de ahí, docentes y directivos diseñan proyectos que buscan transformar prácticas de enseñanza y fortalecer aprendizajes.

Los proyectos son enviados al Ministerio de Educación de la provincia y, desde ahí, comienza un trabajo que Alejandra Couly, coordinadora general de los PIE, describe menos como una evaluación que como un acompañamiento. Un equipo de tutores lee las propuestas, conversa con las escuelas y ayuda a precisar el problema que quieren abordar y la transformación que buscan producir. La intención es que la innovación no quede en una buena idea presentada en un formulario, sino que pueda desarrollarse, ser revisada y encontrar un lugar dentro de la vida escolar.

En tres años, los PIE reunieron miles de proyectos y alcanzaron una escala que obliga a pensar la innovación más allá de experiencias aisladas. Couly conoce ese proceso desde adentro y pone el acento en una idea que atraviesa todo el programa: las transformaciones necesitan tiempo, acompañamiento y una escuela capaz de revisar lo que hace. En esta conversación explica cómo se seleccionan y desarrollan las propuestas, qué ocurre cuando empiezan a formar parte de la vida institucional y por qué el crecimiento de los PIE también modificó la manera en que muchos docentes se acercan a la innovación.

Los cambios que propone Córdoba no parecen buscar un nuevo paradigma educativo, sino recuperar los vínculos entre los distintos actores. ¿Es así?

—Más que nada, es reconocer aquello que se está haciendo bien y transformar aquello que es necesario transformar. Y consolidar logros, como también dicen nuestro ministro y nuestro gobernador. Mirar al interior de la escuela, ver qué está pasando, por qué estos niños no aprendieron en el momento que tenían que aprender. Implica un compromiso docente muy fuerte. Los PIE representan el compromiso de las escuelas. Toman a la escuela como el centro de la innovación. Nosotros hablamos de la innovación macro en todo el sistema educativo, pero los PIE focalizan en algún componente específico, en algo que la escuela quiera mirar, en algún aprendizaje que quedó débil.

¿Qué tiene que tener un PIE para ser aceptado?

—Miramos que realmente promuevan aprendizajes y estén en consonancia con los temas que se han priorizado desde la política educativa. Este es el tercer año que tenemos los PIE; cada año se ha priorizado alguna temática. Por ejemplo, el primer año fue oralidad, lectura y escritura y matemática. Como nosotros ya hemos avanzado en los aprendizajes de Lengua y Matemática, este año no priorizamos esas temáticas. Miramos que vayan de la mano con lo que solicita la resolución, pero tratamos de no rechazar proyectos, sino de acompañar a aquellos que están más débiles en su presentación. Acompañamos a los docentes a reformular la propuesta para que miren en qué quieren innovar, que la innovación esté presente. Ese un proceso de acompañamiento que requiere de una cercanía con el docente, con la escuela, con los directivos y con los supervisores. Nosotros trabajamos en conjunto.

Llama la atención la cantidad de proyectos que se han presentado: más de seis mil.

—Este es el tercer año. Hemos tenido aproximadamente 2.000 proyectos por año. Los tutores los leen uno por uno; hay una instancia de presentación y luego una de acompañamiento. Eso requiere de mucho trabajo. Tengo un equipo de quince tutores que están permanentemente trabajando con los proyectos y realizando el acompañamiento con reuniones virtuales. Muchas veces van a las escuelas, porque la provincia es enorme. Llegar a todas las escuelas es imposible, pero tenemos conversatorios virtuales, entrevistas. Después de la instancia de aceptación viene el desarrollo y vienen las mesas de socialización. En estas mesas se muestra lo que están haciendo las escuelas. El proceso culmina con el informe final, donde el docente puede reconocer todo lo que avanzó desde el primer día hasta el último. La idea es que queden institucionalizados.

¿Todas las escuelas pueden presentar PIEs?

—No. TransFORMAR@Cba tiene tres rutas de innovación. En la Ruta 1 participan todas las instituciones educativas y tiene que ver con la transformación didáctica y curricular y, específicamente este año, con la apropiación curricular. La Ruta 2 es optativa e incluye un grupo de instituciones que se animan a transformar su proyecto institucional, su organización horaria, administrativa. Y la Ruta 3 es la que tengo a cargo. Las escuelas precursoras no pueden estar en la Ruta 3 y la Ruta 2 va aumentando año a año.

Este año son casi 1.700.

—Son 1.594 instituciones, de las más de 5.500 que tenemos. Pensábamos que iba a disminuir, y no disminuye. Seguimos con un promedio de 2.000 proyectos. Algo estamos haciendo bien para que las escuelas quieran seguir estando en los proyectos de innovación y mostrando lo que hacen. Para nosotros es un orgullo ver cómo ha crecido y cómo el docente ya no viene por la capacitación o por el puntaje, sino que viene realmente por el acompañamiento y por poder mostrar lo que se hace.

¿Recordás algúno proyecto que sirva para mostrar cómo funciona la iniciativa en las escuelas?

—Sí, por supuesto. Recuerdo, por ejemplo, uno de modalidad especial en una localidad del interior, donde preparaban laboralmente a los chicos. La orientación de la escuela estaba enfocada en cocina y panadería, pero ellos veían que en el pueblo había peluquerías y querían aprender eso. Los profes lso escucharon y la escuela trabajó de manera directa con una de las peluquerías de la zona. Fue maravilloso lo que los chicos aprendieron en esa instancia. Estos proyectos duran de cuatro a seis meses.

Son proyectos que parten directamente de algo que plantearon los estudiantes. ¿Qué otras experiencias te llamaron la atención?

—Hay otro proyecto de la localidad de La Carlota, que fue presentado en Feria de Ciencias, llegó a la instancia nacional y salió premiado. Tenía que ver con la recuperación de las colillas de cigarrillos para convertirlas en papel reciclado, que luego se convertía en agendas. Era una producción y había un compromiso de toda la ciudad trabajando para la propuesta de la escuela. En la zona de Calamuchita y Santa María hay proyectos que trabajan con la recuperación del agua. Uno que me llamó mucho la atención fue en una escuela rural de la zona de San Justo, que presentaron un proyecto de educación vial. El tema surgió por la cantidad de accidentes que había con los niños que eran transportados por sus padres, que trabajaban en el campo, en carros, en caballos. Uno tiene la imagen de que la educación vial es el semáforo y la senda peatonal, pero la educación vial es mucho más que eso. Nosotros aprendemos de nuestros colegas y de los niños. Para hacer estos proyectos hay que escuchar a los niños.