Los techos, edificios y pasajes de La Habana, Cuba; se convierten en una especie de dormitorios al aire libre, donde sus pobladores intentan descansar en un espacio donde no se sienta tanto calor, o donde reciban un poco de luz natural, ante los constantes apagones que sufre la ciudad.

Familias enteras pasan días durmiendo en el suelo, entre los lúgubres caminos que carecen de higiene; entre paredes que pueden parecer caerse de lo deterioradas que se encuentran.