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Mientras Venezuela intenta recuperarse de los devastadores terremotos que dejaron al menos 164 muertos y cientos de heridos, a miles de kilómetros de distancia la tragedia también se vive con angustia. En Mar del Plata, la comunidad venezolana sigue minuto a minuto las noticias que llegan desde su país natal, aferrada a una llamada telefónica, un mensaje o cualquier señal que confirme que sus seres queridos siguen con vida.
Elizabeth Díaz, venezolana radicada en la ciudad, recibió la noticia apenas unos minutos después de que ocurrieran los sismos. Desde entonces, comenzó una carrera contrarreloj para intentar comunicarse con su familia.

“Me enteré aproximadamente 20 o 30 minutos después de los hechos. Lo primero que hice fue intentar comunicarme con mis familiares”, contó.
Su principal preocupación estaba en Caracas, la ciudad donde nació y donde aún vive gran parte de su familia. Tras varios intentos logró contactar a uno de sus tíos, residente en el barrio El Paraíso.
“Gracias a Dios su edificio no sufrió daños, pero muy cerca hubo edificaciones que se desplomaron. Pude hablar con él porque todavía tenía una línea telefónica funcionando, ya que gran parte de las comunicaciones estaban caídas”, relató.
Sin embargo, la tranquilidad duró poco. La distancia transformó el alivio inicial en una sensación de impotencia difícil de describir.
“La verdad es que todos estábamos muy asustados. Cuando uno está lejos de su familia, la desesperación es enorme porque no puede ayudar, ni físicamente ni emocionalmente. Son momentos en los que uno quisiera tener a sus seres queridos cerca”, expresó.
La situación también alcanzó a una tía que vive en Catia, otro sector de Caracas. Aunque su vivienda no sufrió daños, le tocó enfrentar la emergencia prácticamente sola.
“Afortunadamente contó con el apoyo de sus vecinos, que estuvieron acompañándola durante esos momentos tan difíciles”, señaló.
Para Elizabeth, la tragedia volvió a poner en evidencia una de las heridas más profundas que deja la migración: la imposibilidad de estar presentes cuando más se necesita.
“Estas situaciones nos recuerdan el impacto que tiene estar lejos. No se trata solamente de perderse cumpleaños o fechas especiales. Es en momentos como estos cuando más necesitamos estar unidos y cuando más se siente la distancia. Tener que vivir cada emergencia lejos de nuestros seres queridos genera muchísima angustia y mucha tristeza”, afirmó.
Con el correr de las horas comenzaron a llegar algunas noticias alentadoras. En Guatire, donde viven amigas cercanas, el servicio eléctrico comenzó a restablecerse y las viviendas resistieron el movimiento sísmico.
“No hubo daños estructurales graves. Sí se movieron y cayeron objetos dentro de las casas, pero las viviendas permanecieron en pie. La falta de comunicación se debió principalmente a la caída de las redes de telefonía celular”, explicó.
Aun así, el panorama general sigue siendo preocupante. Miles de personas continúan afectadas por los derrumbes, los cortes de servicios y las dificultades para acceder a ayuda.
Por eso, Elizabeth hizo un llamado a la solidaridad internacional. “Hoy, más que nunca, es fundamental que la ayuda llegue a Venezuela. Hay muchísimas personas dispuestas a colaborar, médicos, rescatistas, voluntarios, pero los recursos para afrontar una emergencia de esta magnitud son limitados”, sostuvo.
También agradeció las muestras de apoyo que comenzaron a llegar desde distintos países, entre ellos Argentina, donde encontró una nueva oportunidad de vida.
“Agradecemos profundamente a los países que ya manifestaron su intención de ayudar. Argentina, nuestro país de acogida, ha expresado su disposición a colaborar y eso significa mucho para nosotros”, dijo.
Finalmente, dejó un mensaje dirigido a quienes observan la tragedia desde lejos. “Quiero que la gente entienda que Venezuela necesita apoyo en este momento. Toda ayuda cuenta y puede marcar una diferencia para miles de personas afectadas. Espero que quienes puedan colaborar abran sus corazones y acompañen al pueblo venezolano en esta difícil situación”.
Mientras continúan las tareas de rescate y crece la preocupación por las personas desaparecidas, historias como la de Elizabeth reflejan otra cara del desastre: la de quienes, lejos de su tierra, viven la tragedia con el corazón dividido entre dos países y la angustia de no poder abrazar a sus seres queridos cuando más lo necesitan.
La noticia “Quisiera estar allá abrazando a mi familia”: la angustia de una venezolana de Mar del Plata tras el terremoto se publicó primero en AHORA Mar del Plata.
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