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En una fecha tan especial como el Día de la Madre, la destacada atleta olímpica marplatense María de los Ángeles Peralta se detiene a reflexionar sobre el significado más profundo de su vida. Con una impresionante carrera que la consagró como dos veces olímpica (Londres 2012 y Río 2016), medalla de bronce sudamericana en Santiago 2014, subcampeona sudamericana de medio fondo y poseedora de destacadas marcas nacionales en los 42 kilómetros, “Marita” encuentra hoy su máxima inspiración y su mayor orgullo en el rol cotidiano de ser mamá de Maia y Ainhoa. Para ella, la maternidad ha sido un viaje vertiginoso, un desafío constante y, al mismo tiempo, el compromiso más hermoso que le ha tocado asumir.

“¿Qué significa para mí ser la mamá de ellas? Me encanta. Hoy las veo grandes y todo pasó muy rápido, demasiado rápido”, confiesa Marita con la emoción a flor de piel al recordar el crecimiento de sus hijas. La maternidad se transformó en un aprendizaje diario en el que el motor principal siempre fue la formación humana. “A veces las mirás y decís: ‘Yo estoy formando personas, yo estoy formando a estas personitas y sobre todo me gusta que sean buena gente'”, expresa con una sonrisa llena de orgullo y gratitud.
Al mirar hacia atrás en el camino transitado, la atleta marplatense reconoce que sus metas y prioridades han evolucionado de manera natural con el correr de los años. “Hoy, a mi edad, donde yo miro para atrás y pasaron cosas muy lindas en mi vida, creo que mi etapa es verlas felices a ellas, que encuentren lo que les gusta”, reflexiona. Para “Marita”, el éxito de sus hijas trasciende cualquier logro: “Más allá de todo lo que ellas logren en la vida, me interesa que encuentren algo que las apasione, en la rama del arte, del deporte, de lo que quieran”.

Ese acompañamiento incondicional se traduce en la gran complicidad y el afecto que comparte a diario con Maia, de 18 años, y Ainhoa, de 16. “Las dos hicieron de todo un poco desde muy chiquitas”, relata sobre los múltiples estímulos que tuvieron durante su infancia. Aunque el padre de las jóvenes provenía de disciplinas ligadas al surf, el skate y el motocross, y ellas mismas exploraron deportes como el hockey o el surf de la mano de reconocidos referentes locales, el deporte siempre se vivió como una parte natural del hogar.
Sin embargo, “Marita” aclara con firmeza que la actividad física jamás se planteó como una obligación o una exigencia profesional para sus hijas. “De todas formas, yo nunca es que quise que sean deportistas, sí que tengan el hábito de hacer actividad física, pero nunca estuvo en mis planes que sean atletas”, explica sobre la absoluta libertad con la que crio a ambas. Y la vida las llevó por caminos propios: mientras Maia volcó su vocación hacia las relaciones públicas y la estética, Ainhoa eligió el alto rendimiento deportivo.

Ainhoa se destaca hoy como una de las grandes promesas del atletismo nacional en salto triple y pruebas combinadas. “Entrena todos los días de lunes a sábados; sale del colegio y se va a la pista hasta las seis y media de la tarde”, detalla su mamá con profunda admiración. Por su parte, Maia cultiva un perfil sumamente femenino e impecable, convirtiéndose en la consejera personal de la familia. “Maia es la princesa de la casa, súper femenina, le encantan sus uñas, sus pestañas, siempre impecable, se levanta hecha una princesa”, describe “Marita” entre risas y ternura.
A pesar de las diferencias de personalidad entre ambas, la unión y el apoyo mutuo son un pilar inamovible en la casa. “Por ahí Ainhoa y yo somos un poco bastante más relajadas, y Maia es la que nos asesora constantemente en nuestros outfits. Me gusta que seamos diferentes y que nos complementemos todas”, señala respecto al vínculo que han sabido construir entre las tres. Ese lazo indestructible se forjó en los momentos más intensos de la carrera de “Marita”, donde la maternidad y el atletismo de élite convivieron codo a codo.

Recordando la etapa de mayor exigencia competitiva, Marita repasa los sacrificios que implicó conciliar los entrenamientos con el cuidado de sus hijas. “El tiempo que las dejaba para irme a entrenar era invertir el cien por ciento en lo que era mi preparación”, rememora. Lejos de ser un obstáculo, las niñas se convirtieron en el combustible emocional que la impulsó a alcanzar la cima de su carrera, cosechar medallas sudamericanas y lograr las marcas mínimas para representar al país en los escenarios más importantes del mundo.
“Ellas nacieron en un momento clave, porque sin esperar todo lo que se iba a venir después, llegaron en un ciclo olímpico. Fueron las dos personitas que me inspiraron y me dieron fuerzas para lograr mi sueño de ser atleta olímpica”, afirma conmovida sobre la llegada de Maia en 2008 y de Ainhoa en 2010, previas a su histórica participación en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y su posterior clasificación a Río 2016. Su rol de madre fue, según confiesa, el factor determinante para ganar la madurez y la templanza necesarias en la exigente distancia de los 42 kilómetros.

Hoy, disfrutando de verlas crecer y compartir momentos únicos de charlas, cenas y proyectos, “Marita” reconoce que su mejor medalla es la familia que formó. “Si ellas están felices, yo estoy feliz; son la fuente de inspiración de mi vida entera”, concluye la atleta marplatense en una emotiva declaración que sintetiza el espíritu del Día de la Madre: la dedicación pura, el amor sin condiciones y el orgullo de ver volar a sus hijas.
La noticia Maternidad y alto rendimiento: “Mis hijas me inspiraron y dieron fuerzas para ser atleta olímpica” se publicó primero en AHORA Mar del Plata.
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