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Cerrar los ojos y escuchar el rugido de los motores diésel de “Río de la Plata” o “El Cóndor” era parte del pulso vital de la ciudad. Unas fotos recientes, compartidas por Darío Gaitán Di Seri en su Facebook y replicadas en el grupo “Historia de Mardel”, nos han transportado de golpe a ese cruce de caminos donde cada viaje comenzaba o terminaba con un abrazo.

Las imágenes, capturadas meses antes del adiós definitivo en 2009, destilan esa melancolía propia de los espacios que se saben históricos, a punto de cambiar su destino para siempre.
Inaugurada en 1950, la terminal no era solo un edificio; era el corazón que bombeaba ilusiones y reencuentros al centro de la ciudad. Comprendida por las manzanas de Alberti, Garay, Las Heras y Sarmiento, su silueta baja y extendida era un faro para los viajeros. Las fotos nos devuelven la imagen de un día común, de cielos cubiertos y ese olor a combustible y pan que marcaba el ritmo. Allí, entre los plátanos ya crecidos y el asfalto gastado de la calle Las Heras, se escribieron miles de historias de veranos inolvidables.

Una de las tomas más potentes muestra la perspectiva exterior con autos estacionados de la época, reflejando el trajín diario que rodeaba al lugar. En la pared exterior, los grafitis políticos y afiches contextualizan el final de una era. La terminal parecía cansada, sí, con sus carteles publicitarios desteñidos y su mampostería desgastada, pero seguía de pie, cumpliendo su función sin queja.

Al adentrarse en los andenes, la nostalgia se vuelve física. El tinglado metálico, sostenido por vigas pintadas de rojo oxidado, cobijaba a micros legendarios de empresas que marcaron una época como El Rápido o Andesmar. Ver a los choferes maniobrando bajo la atenta mirada de los pasajeros evoca ese ritual único de esperar, despedir o encontrar un rostro conocido entre la multitud. Era un laberinto de hierro y asfalto, un refugio para las esperanzas de todos.

No podemos olvidar los pasillos internos y las boleterías con sus carteles de neón desgastado y carteleras con destinos escritos. Eran mucho más que puestos de venta de boletos: eran los umbrales de la aventura, los lugares donde se sellaban los sueños de un viaje largo. Sus pasillos y arcadas nos llevan a la arquitectura original que acompañó a marplatenses y turistas durante casi sesenta años.
El final llegó el 13 de diciembre de 2009. Fue el día en que la Vieja Terminal de Mar del Plata dejó de ser un nodo de transporte para siempre, al trasladarse todos los servicios a la nueva Terminal Ferroautomotora. De repente, las calles circundantes recuperaron un silencio extraño y los motores dejaron de resonar entre las paredes de la antigua estación.

Hoy, ese espacio se ha transformado en un centro comercial y cultural, pero para generaciones de marplatenses y veraneantes, siempre será “la vieja terminal”. Es ese lugar donde el pasado resiste, donde todavía se puede imaginar el bullicio de una tarde de enero, con las valijas y las ansias de llegar a la playa.
Es un recuerdo que, gracias a estas fotografías rescatadas del olvido, vuelve a cobrar vida para recordarnos el lugar exacto donde, alguna vez, todos fuimos a buscar el mar.
La noticia La memoria de los andenes: fotos inéditas que despiertan el recuerdo y la nostalgia de la Vieja Terminal se publicó primero en AHORA Mar del Plata.
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