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Luciana Villegas, una joven de 31 años, decidió romper el silencio y compartir el calvario que vivió durante años en una relación violenta. En diálogo con el diario El Eco de Tandil, la mujer relató su doloroso proceso con un objetivo claro: que otras víctimas que hoy sufren violencia de género sepan que no están solas y que es posible salir adelante. A pesar de las profundas secuelas que aún debe tratar, busca transformar su padecimiento en un mensaje de esperanza y empatía para la sociedad.
El punto de quiebre de esta dramática historia ocurrió en febrero de 2024, cuando su expareja la trasladó bajo amenazas hacia Mar del Plata. En aquella ciudad balnearia, el agresor le destruyó el teléfono celular para dejarla completamente incomunicada y la extorsionó con hacer daño a sus seres queridos o impedirle ver a su hijo si no cooperaba. Paralelamente, la desesperada denuncia de su madre en Tandil activó un inmediato y masivo operativo policial que culminó con su rescate en la ciudad costera.
Sin embargo, la pesadilla de Luciana no terminó al regresar a su hogar. La víctima confesó ante la periodista Luciana Mateo que la vuelta a la rutina fue sumamente compleja, debiendo enfrentar secuelas físicas y psicológicas tan graves que la obligaron a permanecer internada durante un mes en una clínica psiquiátrica. En este duro trance, destacó el rol fundamental de su madre, quien financió la internación de forma privada, y reconoció con angustia que lamentablemente muchas mujeres no cuentan con la misma red de contención económica para sanar.

Al evaluar el accionar judicial, la sobreviviente fue sumamente crítica y denunció haber sufrido un doloroso proceso de revictimización en los tribunales. Relató que se sintió severamente juzgada por el magistrado de la causa y que las herramientas de control, como la tobillera electrónica, acabaron siendo un factor de persecución constante. Según explicó, el sistema le exigía constantemente demostrar que era una buena madre, que trabajaba y que asistía a terapia, mientras que a su agresor prácticamente no se le realizaban demandas de control.
Actualmente, el panorama sigue siendo complejo para Luciana ya que el agresor cumplió su condena de apenas dos años y recuperó la libertad, lo que la obliga a convivir con el constante temor de cruzárselo por la calle. Cuestionó la levedad de las penas de la justicia ordinaria frente a casos mediáticos de gran escala y advirtió que muchas mujeres deciden no denunciar precisamente por el desamparo institucional y el miedo a quedar desprotegidas cuando las restricciones de acercamiento expiran.
No obstante las dificultades y las secuelas físicas que aún arrastra, Villegas concluye con un mensaje de fortaleza y apoyo colectivo. “No tenemos la culpa de pasar por esto; no estamos rotas”, sentenció, instando a las víctimas a exteriorizar su dolor y pedir ayuda. Ante cualquier situación de riesgo, se recuerda que se encuentra disponible la Línea 144 para asesoramiento y contención las 24 horas, además de la Comisaría de la Mujer y la Dirección de Políticas de Género en Tandil.
La noticia El doloroso camino de Luciana: de ser obligada a trasladarse a Mar del Plata bajo amenaza a alzar la voz se publicó primero en AHORA Mar del Plata.
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