La ceremonia de ingreso de Roger Federer al Salón Internacional de la Fama del Tenis celebrada en Newport, Rhode Island, se transformó en un retrato íntimo de su vida fuera de las pistas, centrado en el discurso de su esposa Mirka Federer, quien expuso ante el público en poco más de siete minutos la dimensión personal del campeón suizo.

“Compartimos una gran aventura. En aquellos primeros tiempos, a veces incluso lo ayudaba a calentar antes de los partidos. Yo misma había jugado profesionalmente, así que Roger pensó que podía ayudarlo a prepararse”, relató Mirka, evocando los inicios de la pareja. La declaración reflejó el papel que jugó en la carrera de Federer desde el primer momento, incluyendo anécdotas como la broma de Andy Roddick tras perder una final ante Federer: “No puedo creer que haya perdido contra un tipo cuya novia lo ayudó a calentar”.

Durante su intervención, Mirka Federer subrayó que la verdadera grandeza de su esposo no se resume en los títulos ni en los récords. “Todo el mundo habla de la elegancia de Roger en la cancha, y lo entiendo tan bien como cualquiera. Durante muchos años, tuve el mejor asiento. Lo vi moverse con una gracia que hacía que uno de los deportes más difíciles del mundo pareciera casi sin esfuerzo. Lo sé, lo sé. Roger dice que es un mito. Y créanme, vi el trabajo, las horas, la disciplina, el compromiso. Vi todo lo que implicaba que pareciera tan fácil. E incluso después de ver más de 1000 de sus partidos, nunca dejó de asombrarme. Pero el tenis nunca fue lo que más me impresionó. El hombre detrás de todo esto es aún más extraordinario”, afirmó.

La familia fue el eje principal del homenaje de Mirka, quien destacó la importancia que Roger concede a sus seres queridos. “Una de las primeras cosas que aprendí de Roger fue que siempre quería tener cerca a sus seres queridos. Esa es una de las cualidades que más he admirado de él, no solo como tenista, sino como persona”, confesó. La extenista suiza relató cómo, al conocer la noticia del embarazo de sus primeros gemelos, pensó que su vida de viajes había terminado. “Le dije a Roger que probablemente mis días de viaje habían terminado. Sin dudarlo, dijo: ‘Entonces no quiero… entonces no volveré a jugar’. No estaba exagerando. Lo decía en serio. Así es Roger. Su familia es lo primero”, enfatizó Mirka ante la audiencia.

La pareja encontró una solución que permitió a la familia acompañar a Federer por el circuito internacional, con sus hijos compartiendo el día a día en los torneos. Mirka describió al Federer menos visible: “Nuestros hijos, Myla, Charlene, Leo y Lenny, lo conocen como Papá. El papá que les leía cuentos antes de dormir, jugaba con ellos, les preparaba el baño, los hacía reír sin importar lo ocupado que estuviera. Ganara o perdiera, siempre les dedicaba tiempo”.

Mirka también hizo referencia a los valores familiares y a la educación recibida por Federer: “Sus padres lo conocen como un hijo amoroso. Su hermana lo conoce como un hermano maravilloso, y sus amigos lo conocen como alguien que siempre tiene tiempo para ellos, sin importar lo ocupada que esté su vida. Y esas cualidades no surgieron por casualidad. Las aprendió de dos padres increíbles. Robbie y Lynette criaron a un campeón y a una persona genuinamente buena. Le enseñaron humildad, gratitud y bondad, y le enseñaron a tratar a todos con el mismo respeto”. En ese momento, los padres del tenista suiza también no pudieron evitar la emoción que les ocasionó el momento.

Al tomar la palabra, Federer se mostró conmovido y agradecido: “Ella es mi mujer, pero eso se queda corto: es mi entrenadora, mi estilista, la persona que me enseñó a estar más concentrado en el tenis y disfrutar de todo lo demás. Es una gran madre. Ella y yo nos damos la mano y atravesamos muros. Ella es todo esto”.

Su Majestad, que fue elegido con el 100% de los votos en su primer año de elegibilidad, se quebró emocionalmente al catalogar la distinción como “uno de los mayores honores de su vida”. El ex número uno del mundo repasó con profunda sensibilidad y lágrimas en los ojos su inigualable trayectoria de 20 títulos de Grand Slam y 103 coronas en el circuito ATP. Además, aprovechó el estrado no solo para honrar sus legendarias batallas ante Rafael Nadal y Novak Djokovic, sino para agradecerle profundamente a Martina Navratilova, quien se encontraba presente entre los invitados de lujo de la gala, por haber sido el motor para que su esposa, Mirka Vavrinec, tomara una raqueta por primera vez. Al hacerlo, pavimentó el camino para que ambos se conocieran años después y construyeran el equipo profesional y familiar que llevó al “Maestro” a la cima del tenis mundial.

Finalmente, Federer recordó que el tenis siempre será parte de su vida, aunque su etapa como jugador haya terminado. El suizo concluyó su intervención con un mensaje dirigido a las nuevas generaciones, alentando a preservar el espíritu del deporte y la camaradería entre los jugadores.