Abrir y sostener un restaurante en Cuba se ha convertido en un desafío marcado por la escasez de insumos, los altos costos y la inflación. Los dueños deben buscar alternativas diarias para abastecerse y mantener sus puertas abiertas frente a una economía cada vez más incierta.

A pesar de la creatividad y el esfuerzo, la crisis económica obliga a muchos a reducir menús, ajustar precios o incluso cerrar. La perseverancia se ha vuelto indispensable para quienes apuestan por la gastronomía en la isla.