Pasar de llenar el Gran Rex y cantar el inolvidable “Corazón con agujeritos” a quedarse en la soledad absoluta le sucedió a muy corta edad. A finales de los años 90, Daniella Mastricchio conquistó a la Argentina interpretando a Sol Rivera, la nena adoptada por Belén (Romina Yan) en Chiquititas. Sin embargo, detrás de esa sonrisa y esos ojos que marcaban récords de audiencia en la pantalla chica, esta niña cargaba con el peso del alcoholismo de su papá, la “culpa” de un divorcio y la presión de ser el único sostén económico de su hogar.

En el marco de La vida después, la propuesta audiovisual de Infobae Studio, Dani se sienta a repasar los difíciles momentos de su historia: la desaparición de todo el dinero ganado en sus años dorados, el impacto de pasar a atender las mesas en una heladería siendo todavía menor de edad, el camino para perdonar los abusos del entorno y renacer como coach, escritora y madre de cuatro hijos.

Luis Novaresio: ¿Quién es Daniella Mastricchio?

Daniella Mastricchio: Es la que estoy siendo. Siento que lo que más me representa es lo que estoy haciendo hoy.

LN: ¿Y hoy qué está haciendo Daniella?

DM: Hoy estoy en una etapa muy profunda de mi vida, muy linda, la más honesta que he tenido en estos años. Estoy en formación de coach profesional, que amo, y estoy también acompañando a mujeres desde mi historia y con mi recorrido. Y bueno, obviamente siendo mamá de cuatro.

LN: Ubiquémonos en tus siete años. ¿Qué pasaba a tus siete años?

DM: A mis siete años empecé Chiquititas. Una etapa hermosa de la infancia donde empezaba un mundo que yo desconocía y que de repente me iba a descubrir. Empecé a ser muy mirada. Aprendí ahí lo que era ser tan mirada. Tanto que después, con el recorrido de los años, me di cuenta de que supe siempre qué se sentía ser mirada, pero nunca me había mirado yo misma.

LN: El personaje de Sol, al lado de Belén (Romina Yan), “Corazón con agujeritos”... O sea, una explosión de notoriedad impresionante.

DM: Total. Sí, en ese momento, al no haber redes, tampoco tenías tanto el termómetro de lo que pasaba. Pero sí, cuando íbamos al teatro era una cosa increíble, impresionante y linda.

LN: Lo recordás con dulzura.

DM: Sí, lo recuerdo con dulzura y también con esfuerzo. Creo que son compatibles, que pueden ir juntas. Y también, obviamente, la disciplina y la responsabilidad de lo que es un trabajo, a pesar de la corta edad.

LN: ¿Cómo llegaste a Chiquititas?

DM: Llego por un aviso en el diario. En ese momento...

LN: Era así. Lo sentimos, pero era así.

DM: Era así y nos delata. Sí, en ese momento era un aviso en el diario, una publicación bastante importante en la que no se sabía muy bien de qué iba este programa nuevo. Sí estaba claro que buscaban nenas un poquito más grandes, y yo me presenté igual. Y ahí nació Sol, que no empezó como huérfana, de hecho, porque ni siquiera estaba planteado el personaje. Y así llega Solcito a mi vida y este personaje a Chiquititas.

LN: Empezás no siendo huérfana.

DM: Empiezo no siendo huérfana, claro. Porque en ese momento mi personaje vivía con Leticia —quien hacía de mi madre— y a los pocos capítulos muere. Y bueno, un padre que después, años después, aparece. Belén me adopta y tiempo después me voy a vivir al hogar.

LN: Adoptada por Romina Yan, por Belén… ¿Qué recordás de ella?

DM: Amor, amor total. Romi era dulce. Recuerdo los momentos que compartimos, que fueron muchísimos, porque mi personaje desde el inicio estuvo con ella. Entonces era literal como una mamá para mí.

LN: ¿Cómo te enteraste cuando murió?

DM: Yo estaba en mi casa. Mi hijo más grande era chiquito y me llama por teléfono un familiar y me lo dice. Yo dije: “Esta mujer está loca, no sé qué le pasó, señora vaya a dormir la siesta”. Y corté. En ese momento yo no solo estaba muy por fuera de los medios, sino total y completamente aislada de todo, hasta incluso de mí. Y lo raro fue que empezó a llamarme mucha gente del medio que no sé ni cómo obtuvo mi teléfono en ese momento. Prendo la tele y ahí me entero por las noticias. Cambiaba de canal porque no podía creerlo...

LN: No podía ser, ¿no?

DM: O sea, realmente pensé que era un error, un chiste de mal gusto de alguien. Pero cambiaba de canal y estaban todos con lo mismo.

LN: Estabas totalmente fuera de los medios, después de haber dejado Chiquititas. ¿Por qué saliste de ahí?

DM: Más allá de Chiquititas, fue una etapa personal mía muy intensa que no la entendía ni yo. Estaba en un momento en el que todo me daba vergüenza, sentía un poco de culpa... Yo siempre relacioné el amor al ser elegida, y de repente, que no te elijan más era como un “no soy suficiente, no me quieren, no soy más importante”. Y todo eso llevó años poder mirarlo con otros ojos, con más amor a mí principalmente. Y esto también es lo que me trae a este presente.

LN: ¿Te daba culpa ser la Sol exitosa, adorada, la que paraban por la calle?

DM: Todo me daba culpa, porque fui criada un poco así. Me daba culpa ser esa exitosa Sol y que de repente las miradas fueran hacia mí y no quizás hacia un hermano o hacia lo importante que era Daniella. Sol se llevó puesta a Daniella en ese momento. Y también me daba culpa dejar de ser Sol.

LN: Siento que es muy vertiginoso todo para una niña. A los siete años, una niña habitualmente está jugando con muñecas y vos pasaste a ser megaexitosa, megaconocida, megatodo. Y a los 11 años, también muy niña… ¿te plantaste vos o se plantaron tu papá y tu mamá para que dejaras de hacer esto?

DM: Yo creo que fue un combo. Un año antes de terminar Chiquititas —yo hice hasta el 98 inclusive—, en el 97 yo estaba muy cansada por todo lo que conllevaba el trabajo, los fines de semana y el teatro, más todo lo que sucedía en casa. Pero de alguna manera era como: “Bueno, no importa lo que vos decís o lo que vos necesitás”. Nadie vino a enseñarme a escucharme. Entonces seguía por la vida. Y cuando llega el final de mi personaje en Chiquititas, creo que fue un poco que ya no era conveniente para nadie, en el sentido de que los conflictos en casa de mis padres se trasladaban seguramente a lo laboral. Yo tenía nueve o diez años en ese entonces. A veces llegaba muy cansada, a veces no dormía e iba al colegio, y después al mediodía me iba comiendo un sandwichito en el auto y llegaba a grabar. Ahí lo daba todo y era feliz, era un poco Dani siendo Sol o Sol siendo Dani, muy mezclado.

LN: ¿Tenés un recuerdo preciso de ese último día de grabación?

DM: Sí, y fue raro. Yo no lo recuerdo, pero por ese entonces mi mamá me dijo que a mí me habían anticipado que era el último día de grabación. No sé si elegí borrarlo o no me lo dijeron. La verdad es que no lo sé, no lo recuerdo. Pero llega ese día de grabación y llega la última escena. Lo que sucedía cuando terminaba el personaje de alguien era que desde el control el director de piso decía: “Un fuerte aplauso, le agradecemos, le damos un besito”. Ese día me tocó a mí, y yo miraba y decía: “Todos se confundieron”.

LN: “¿Por qué me despiden si yo sigo?”.

DM: Claro, no entendía muy bien. Salí de ahí medio confundida, no sabía si era algo que estaba bien o que estaba mal, o qué iba a pasar con mi vida, porque era tanto el desorden de base y el abandono a mi persona que no sabía…

LN: ¿Y qué pasó?

DM: Y ahí empezó el desorden más grande, porque ahí vuelve la culpa. Por eso mi libro se llama Cómo poner límites sin culpa, porque la culpa la cargué toda mi vida. Llega la gran culpa: “Es todo por mi culpa, mis padres se divorcian...”. Quedó todo como cuando hay una guerra, que cuando salís no ves más que destrozos y soledad. Eso. Así me encontré. Para mí era mi culpa que todo se destruyera.

LN: ¿Era tu culpa que tus viejos se divorciaran, era tu culpa que ellos se pelearan, era tu culpa que vivieses en un entorno familiar muy difícil?

DM: Sí, era mi culpa. Porque si bien el mensaje era muy implícito, el mensaje estaba. Y también como que se esperaba mi continuidad en ese camino artístico, porque dependían todos de eso...

LN: Económicamente.

DM: Económicamente, sí. “Se destruyó todo, ahora no hay vacaciones, no sé qué hacen, cómo pagan la casa”... Tenía 11 años. Para mí eso era normal.

LN: A ver cómo lo pregunto, con respeto por tus padres… ¿te usaron como un instrumento para generar dinero?

DM: Sí. A ver cómo lo digo yo sin que suene... Realmente cambié el foco de contar mi historia. Viví muchísimos años resentida con mis papás, los juzgué, los critiqué, me enojé y me angustié. ¿Fue real? Sí, obvio. ¿Los hechos los puedo cambiar? La verdad es que no. Pero como eso no iba a cambiar mi historia, tuve que encontrar una manera de observarlo distinto, de contarme la historia distinta y dejar de ser la víctima.

LN: ¿Y los perdonaste?

DM: Sí.

LN: ¿Perdonaste al papá que era violento? ¿Perdonaste a la mamá que no estaba al lado tuyo cuando la necesitaste? ¿Los perdonaste?

DM: Sí, y me siento bien con eso. Me costó muchísimo, me costó tanto... Yo decía: “Esto no se puede perdonar, esto es imperdonable”, porque sentía una destrucción total. Pero bueno, en esta búsqueda de escucharme, de ver quién era y para qué me iba a servir toda esta historia... Siento que reconstruí esa historia. Está claro que no va a cambiar.

LN: Hemos sido educados con la expresión de “cuando seas padre o madre vas a entender a tu papá y a tu mamá”. Cuando fuiste mamá, ¿entendiste a tu papá y a tu mamá?

DM: Tocaste una fibra justito ahí... Mi mamá me decía mucho esto: “Cuando seas madre me vas a entender”. Y me decía cosas como: “Vos te vas a quedar sola, sola”. “¿Estoy siendo una mala hija y me voy a quedar sola con 11, 12 o 13 años?”, pensaba. Y creo que esperé el día ansiosa de ser madre para por fin, en una ilusión, decir: “Ah, era esto”.

LN: Y...

DM: No fue. Esperé que cuando fuera madre la pudiese entender, y no sucedió. Fue duro también.

LN: Es medio cruel la pregunta: ¿sentís que tu mamá te quiso?

DM: ¿Qué es querer? El querer lo asocio mucho a la pertenencia: “Yo te quiero, vos me querés, sos mío, soy tuya”. Para mí el amor va por otro lado. A mis hijos yo los amo. Tengo miles de errores y los voy a seguir teniendo, pero estando presente y con todo mi amor. Siento que desde su manera de haber aprendido el amor, ella hizo lo que pudo.

LN: Te amó como pudo.

DM: No sé si me amó, no lo puedo saber, porque esto depende de qué es el amor para cada uno. Si le preguntás, probablemente te diga: “¿Cómo que no? Yo la amo”. ¿Y quién puede discutir lo que el otro siente?

LN: ¿Hoy tenés un buen vínculo con ella?

DM: No, no tengo vínculo. Porque perdoné, pero no me quedo en el mismo lugar nunca más.

LN: Qué paradójico. Pensaba que tenías el “corazón con agujeritos” con Sol, y antes de que supieras que se iba a agujerear tu corazón, ya lo cantabas.

DM: Cris (Morena), una visionaria siempre, impresionante. Por eso te digo que Daniella y Sol estaban tan fundidas... Y yo tan confundida, que cuando se terminó fue como: “¿Y ahora qué? ¿Quién soy? ¿Qué hago?”.

LN: ¿Cómo pasaste del éxito de los 500.000 puntos de rating y los Gran Rex explotados a atender en una heladería?

DM: ¡Uf! Así literal como lo acabás de decir. Como te decía antes, de repente quedé sin nada, en soledad. Cada uno estaba en la suya tratando de sobrevivir y yo era una más en esa historia. Había momentos en los que realmente no había para comer, porque no había una presencia adulta y responsable. Sinceramente no le cargo la responsabilidad a uno solo, porque padres son dos. Para que uno haga, el otro tiene que permitirlo. En este caso ambos permitieron, ambos no estuvieron, ambos estaban en su mundo... Y yo tenía hambre. Tenía hambre a los 13 o 14 años.

LN: O sea, de Chiquititas dejaste a los 11, ¿y a los 13 o 14 a vender helados?

DM: Sí. Aprendí a hacer unos cucuruchos... Atendía las mesas porque era también una confitería.

LN: ¿Te pasaba que ibas a la mesa a servir y te decían: “Vos sos...”?

DM: Sí, me pasaba siempre. Y ahí era un tema, porque yo prefería pasar desapercibida. La pregunta siempre era: “¿Y qué hacés acá?”. “No, estoy trabajando”. Todo el tiempo tenía que justificar qué estaba haciendo y por qué, y nunca iba a exponer la situación, porque para mí era mi culpa, porque era una vergüenza no tener para comer. Yo lo viví así.

LN: De vuelta la fusión de Daniella y Sol: culpa por ser Sol exitosa con todas las miradas, culpa por ser Daniella sirviendo el cucurucho.

DM: Sí. Y aparte: “No voy a decir que no tenemos para comer, ¿cómo justifico esto? ¿Cómo expondría así a mi familia? Mejor me expongo yo, así están todos cómodos. Me callo para que estén todos cómodos, digo lo que se quiere escuchar y callo lo que no hay que decir”, porque así me crié. Sumisa, sin emitir sonido, adaptándome.

LN: ¿Te tocó paternar a tu papá?

DM: Yo creo que me tocó paternar a todos un poco. Y en algún punto tampoco quería dejar a mi papá, porque mi papá estaba con esta enfermedad del bendito alcohol y yo sentía que era una responsabilidad mía. Era todo tan disfuncional que no sabías nunca quién vivía con quién. Yo sentía que mi papá era mi responsabilidad, que estaba solo y que si yo no me quedaba con él o no lo acompañaba, se iba a morir.

LN: El conflicto del alcoholismo de tu papá, ¿ya existía cuando vos eras Sol en Chiquititas?

DM: Empezó ahí.

LN: Y la niña de siete, ocho o nueve años se armaba, iba y grababa las 500.000 horas, sonreía, cantaba...

DM: Callaba, se acomodaba, se adaptaba. Todo para que estén todos cómodos. Y de verdad estaban todos cómodos, excepto yo.

LN: Pienso en esto que dijiste: tenías hambre, no había para comer. Trabajaste con Cris Morena, ganaste —la fantasía, ¿no?— millones de pesos, ahorraste un montón de plata...

DM: En un momento sí lo pregunté. Realmente lo pregunté porque para mí era un dolor de cabeza seguir en esa situación. Dije: “Bueno, si me dan el dinero, como cada uno está en la suya, yo hago la mía”. Ya para ese entonces me cuidaba muy bien sola, tenía un buen entrenamiento. Pero cuando lo planteé...

LN: “No hay más”.

DM: “No hay más nada. Preguntale a tu mamá, preguntale a tu papá”. Y no había más a quién preguntarle.

LN: Literal, la plata no estaba más.

DM: No estaba más.

LN: ¿A dónde fue esa plata?

DM: Disfrutes momentáneos. Paseos, viajes y lo que se quería tener se tenía, sin preguntarse nada. Proyectos laborales de mi padre en ese momento, con un supuesto acuerdo de devolución de ese dinero que tampoco llegó. Durante años me pesó tanto… porque no me sentía capaz de crear nada en mi vida. Sentía que dependía de eso y de que me dieran una respuesta, porque para mí mi vida dependía de eso.

LN: Sin juzgar, Daniella, pero laburaste, fuiste exitosa y el provecho económico de eso se lo patinaron tus viejos… Y los perdonaste.

DM: Me costó un montón, no fue fácil ni de un día para el otro. Fue durísimo, pensé que jamás los iba a perdonar. ¿Pero sabés cuándo los perdoné realmente? Cuando entendí y sentí lo que soy sin necesidad de nada ni de nadie más. Busqué toda mi vida la aprobación de mis padres principalmente, y después la de todo el mundo. Mi valor siempre estuvo en manos de otros y en la aceptación del otro. Cuando no tenía esa aceptación, sentía que no valía nada. Por eso mi enojo con ellos era un: “Devuélvanme mi vida”, como si mi vida fuera esa plata.

LN: Mucho más que una cuenta de banco.

DM: Claro. Lo que había que perdonar era mucho más profundo e invaluable.

LN: Fuiste mamá muy joven.

DM: Fui mamá muy joven, a los 17 años. A los 20 días cumplí los 18, pero tenía 17. Mi hijo hoy tiene 20, yo tengo 38 y en noviembre cumplo 39.

LN: Leí alguna vez que dijiste: “Soy una sobreviviente”.

DM: ¿Y vos qué pensás?

LN: Que sos una sobreviviente.

DM: Yo siento que soy una sobreviviente, sí. Porque en todo ese caos pude seguir quedando atrapada en la culpa, en la victimización y en que ellos tienen la culpa. Pero también podía elegir hacerme cargo de mi vida, encontrar mi valor y hablar como estoy hablando con vos ahora. Durante muchas entrevistas me decían: “Bueno, ¿y con toda la plata que hiciste?”, y respondía: “Una casita linda...”. Yo trataba de pasar el tema porque me daba vergüenza. Hoy digo: “No quedó nada de eso, pero mirá lo que soy, mirá cómo pude construir mi historia y resignificarla”. Abrazo mi historia y no reniego de esa Daniella, ni de mis padres ni de todo lo que viví, porque me trajeron acá.

LN: ¿Fue fácil armar pareja?

DM: Lo que fue complicado fue la percepción de amor que tenía Daniella. Lo que entendía por amor no era amor, entonces elegía mis vínculos desde ese lugar. Yo siempre me sentí incompleta e insuficiente, y eso era un tema.

LN: ¿Qué le contarías hoy a la Daniella de Chiquititas?

DM: Le contaría que ese “corazón con agujeritos” va a valer tanto la pena, porque va a poder mirarlo con amor, hacer algo con eso, acompañar y empatizar. Le contaría que va a ser durísimo y bastante feo, pero que al final va a valer la pena.

LN: ¿Por qué escribiste el libro?

DM: Porque justamente es el recorrido de mi historia: Cómo poner límites sin culpa. Pasar de buscar ser querida adaptándome y callándome, a empezar a elegirme y poner los límites que necesitaba. Es el recorrido de mi historia al servicio de quien esté pasando por algo similar.

LN: Hay algo de sanar, pero sin olvidar.

DM: No quiero olvidar, no.

LN: ¿Con tus hermanos tenés vínculo?

DM: No, no tengo vínculo. Esto de poner límites tiene consecuencias, nada es gratis.

LN: ¿Creés que tu historia hubiese sido igual sin la notoriedad y la fama de Sol en Chiquititas?

DM: Para nada. Creo que directamente no hubiese tenido historia. Creo que me salvó la notoriedad.

LN: ¿Te salvó Sol?

DM: Sí. Pobrecita, que le eché tantas culpas…