Siete agujeros en el cráneo y el paciente sobrevivió: las trepanaciones antiguas se practicaban mucho antes de lo que la ciencia moderna solía suponer. Según informó National Geographic, la prueba más antigua de una intervención quirúrgica data de hace 30.000 años, y las trepanaciones están documentadas desde hace aproximadamente 7000 años.

Uno de los hallazgos que recoge National Geographic proviene del Imperio inca: cráneos con hasta siete trepanaciones distintas en un mismo individuo, todos con cicatrices óseas que demuestran que el paciente sobrevivió a cada una de las intervenciones.

La regeneración del hueso alrededor de un orificio quirúrgico indica supervivencia postoperatoria, y su presencia reiterada en un mismo cráneo apunta a que estos procedimientos no eran infrecuentes ni improvisados, sino parte de una práctica consolidada.

La razón detrás de esa tasa de supervivencia, según el medio, no radicaba únicamente en la destreza de los operadores, sino en el tipo de herramientas que utilizaban. Los cirujanos andinos y los de la prehistoria trabajaban con instrumentos de piedra, entre ellos la obsidiana, un vidrio volcánico de filo muy agudo.

La ventaja de ese material frente al metal no era solo mecánica: cuando el filo se gastaba, bastaba con tallar una nueva arista o fabricar una pieza desde cero. Cada intervención podía realizarse con un instrumento nuevo, lo que reducía de forma significativa la posibilidad de trasladar agentes infecciosos de un paciente a otro.

Por qué el metal aumentó el riesgo de infección

El contraste con civilizaciones que ya dominaban la metalurgia es, a la luz de esos datos, paradójico. National Geographic señala que los romanos, pese a su conocimiento técnico en otros ámbitos, enfrentaban un problema que no podían resolver con los medios de su época: los instrumentos de metal son considerablemente más difíciles de desinfectar que los de piedra, y su reutilización sin un protocolo de esterilización adecuado elevaba el riesgo de infección postoperatoria.

La Edad Media heredó ese problema: someterse a una cirugía craneal durante el apogeo del Imperio romano o en la Europa medieval podía ser más letal que hacerlo varios milenios antes, en manos de alguien que tallaba sílex u obsidiana.

La frecuencia con que los incas realizaban estos procedimientos también explica, al menos en parte, su eficacia. La repetición genera pericia, y el volumen de cráneos hallados con múltiples trepanaciones sugiere que los especialistas andinos acumulaban una experiencia que difícilmente podía igualarse en entornos donde estas cirugías eran esporádicas. La práctica sistemática, más que el conocimiento teórico, parece haber sido el factor determinante en los resultados.

La hipótesis del uso de coca como anestesia

Uno de los aspectos más debatidos entre los investigadores es el de la anestesia. Sin ella, el dolor de una perforación craneal sería, en la mayoría de los casos, incompatible con la cooperación del paciente y potencialmente letal por el shock. De acuerdo con lo que recoge National Geographic, en el mundo andino se habría recurrido a la planta de coca como agente analgésico o sedante durante los procedimientos quirúrgicos.

Las hojas de coca, masticadas o administradas de otras formas, contienen alcaloides con propiedades anestésicas locales que aún hoy se emplean en medicina clínica como base de anestésicos sintéticos.

El uso quirúrgico de la coca en el contexto inca es, con todo, una hipótesis plausible pero no del todo confirmada: la evidencia directa de su aplicación en ese ámbito específico no alcanza aún para establecerlo con certeza.

Lo que muestra el registro óseo disponible es que los cirujanos del mundo andino precolombino lograban tasas de supervivencia que muchas culturas posteriores, con mayor desarrollo tecnológico en otros campos, no consiguieron igualar.

Siete trepanaciones en un mismo paciente no son solo un dato: es la prueba de que la medicina antigua fue, en ciertos contextos y materiales, más eficaz de lo que parte de la narrativa histórica sobre la medicina ha tendido a reconocer.