Las impactantes imágenes del GLOF que arrasó un valle entero entre Nepal y el Tíbet muestran lo que los expertos describen como un “tsunami desde el cielo”: una masa de lodo, hielo y rocas que en apenas siete minutos recorrió 20 kilómetros y sepultó pueblos, puentes y pasos fronterizos a su paso. El balance provisional conjunto asciende a 362 muertos y más de 1.400 desaparecidos a ambos lados de la frontera.

Las primeras imágenes que circularon en las horas posteriores al desastre —ocurrido este miércoles— provinieron de una cámara de seguridad ubicada en el paso fronterizo de Gyirong, entre Nepal y China. El video muestra un cruce concurrido, con vehículos, edificios y personas en movimiento. Segundos después, una nube de polvo y escombros de proporciones descomunales cubre la escena por completo. El deslizamiento de tierra engulle la infraestructura entera ante los ojos de quienes alcanzan a huir. Es la imagen más cruda del momento exacto en que el GLOF —sigla en inglés de Glacial Lake Outburst Flood, o inundación por desborde de lago glaciar— golpeó con toda su fuerza.

Desde el aire, los drones enviados por los equipos de rescate nepalíes revelaron otra dimensión del desastre. En el distrito de Nuwakot, uno de los sectores más afectados, las fotografías aéreas muestran viviendas con el lodo a la altura del techo, vehículos sepultados bajo metros de sedimento y árboles con escombros enredados en sus ramas como si fueran banderines. Los caminos que conectaban comunidades enteras desaparecieron bajo el alud.

Reuters distribuyó imágenes que documentan el bazar de Dhunge convertido en un campo de ruinas en cuestión de minutos. “Cuando llegué al bazar, en media hora la inundación arrasó con todo el mercado. La gente se disponía a ir a la oficina”, declaró Shoyam Rajbhandari, residente de la zona.

El origen del desastre se ubica entre los 5.200 y 5.500 metros de altitud, donde un gran bloque de hielo se desprendió de un glaciar nepalí. Simon Cox, científico principal del instituto neozelandés GNS Science, explicó a la agencia AFP el mecanismo: “Se transformó en una masa arrolladora de detritos que arrastró rocas, sedimentos, árboles y todo lo que se interponía en su camino, y lo lanzó a toda velocidad por el cañón”.

Cox comparó el fenómeno con el efecto de un émbolo: la masa en caída libre empujó hacia adelante toda el agua que ya corría por el valle, como una jeringa, mientras seguía incorporando material. El resultado fue un flujo hiperconcentrado, similar al concreto, capaz de superar los 100 kilómetros por hora.

Correr no servirá de nada”, advirtió Hatim Sharif, hidrólogo de la Universidad de Texas en San Antonio, en declaraciones a AFP. La única opción, según el experto, era escalar una colina de al menos seis metros de altura.

Las imágenes satelitales, analizadas por glaciólogos de distintas universidades, muestran el antes y el después de un valle transformado de forma irreversible. Lauren Vargo, glacióloga de la Universidad Victoria de Wellington, explicó que dado lo inaccesible del terreno, esas fotografías tomadas desde órbita son la principal herramienta para reconstruir la secuencia del desastre. Lo que revelan es contundente: el río Bhote Koshi y su afluente Lhende Khola desbordaron sus cauces de manera catastrófica, con un aumento del nivel del río Trishuli de hasta nueve metros en apenas 30 minutos, según registros del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas (ICIMOD).

El balance humano que reflejan esas imágenes es igualmente grave. Del lado nepalí, la policía recuperó 359 cadáveres, muchos arrastrados decenas de kilómetros río abajo. Entre los más de 800 desaparecidos en suelo nepalí figuran 178 ciudadanos de la India, 65 de Estados Unidos, 53 de Ucrania, 51 de Malasia y 35 de Australia, además de tres españoles.

La zona era un polo de peregrinación y turismo de montaña: centenares de peregrinos indios se encontraban en el área por el festival Janai Purnima, una de las festividades más importantes del calendario hindú y budista, camino al monte Kailash y al lago Manasarovar, en el Tíbet.

En la vertiente tibetana, la agencia estatal china Xinhua informó tres muertos y 558 personas sin contacto. Las fotografías difundidas muestran la zona cercana al puerto de Gyirong cubierta por toneladas de lodo y escombros, con la infraestructura vial destruida y los accesos cortados.

A la devastación visible se suma una amenaza que aún no aparece en las imágenes pero que mantiene en alerta a las autoridades de ambos países: la formación de un lago de escombros a unos 18 kilómetros del paso fronterizo de Rasuwagadhi, donde el río Lhende quedó bloqueado por una barrera natural de 50 metros de altura que retiene cerca de dos millones de metros cúbicos de agua.

El Ministerio de Recursos Hídricos de China prevé que ese volumen podría llegar a cinco millones de metros cúbicos. Ante el riesgo de una ruptura repentina, las autoridades chinas iniciaron evacuaciones de emergencia en localidades tibetanas aguas abajo. La fecha crítica estimada es el 1 de septiembre.

El río Lhende Khola ya había desbordado en julio de 2025. Saswata Sanyal, especialista en reducción del riesgo de desastres, advirtió que este es el segundo desborde en apenas 14 meses, lo que para los científicos del ICIMOD confirma la urgencia de instalar sistemas de alerta temprana conjuntos entre Nepal y China.

Los glaciares del Hindu Kush-Himalaya pierden hielo al doble de velocidad que en el año 2000, según investigadores de Katmandú.

(Fotos: AFP, Reuters y AP)